El que dice francamente que simpatiza con la revolución cubana se considera, en el caso más favorable, como un idealista cándido que es ciego ante los aspectos negativos de los sistemas políticos con que se intenta poner en práctica los ideales de igualdad y de solidaridad.
El consejo de no guiarse por el egoísmo si no amar al prójimo como a si mismo, es algo para profesar en la iglesia o en la mezquita. En la vida económica o en la política este consejo se considera ridículo. Allí vale la ley del libre mercado, la supervivencia de los más fuertes. Los ideales son útiles en la propaganda electoral, pero no valen en la práctica política.
Remarcable es que el occidente capitalista no admite migrantes proveniente de países pobres, sobre todo si son países islámicos, en base al argumento de que forman una amenaza para nuestra cultura judeocristiana y humanista, pero quien apela en el debate político a esta cultura, a valores como justicia, amor al prójimo y humanidad, se hace blanco de burla.
La organización Oxfam ha calculado que los superricos, uno por ciento de la población del mundo, posee en más que el total del resto de la población. De los siete billones de personas en el mundo, uno y medio vive en extrema pobreza. Cada cinco segundos muere un niño por hambre. Que el capitalismo y la desigualdad económica y social que lo acompaña es capaz de proveer ventajas para los más pobres parece ser imposible. Los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen.
Inmediatamente después que Castro, con su compañeros, acabaron con el poder de los EE.UU en Cuba, con la intención de eliminar la explotación por la elite rica norteamericana y cubana, los EE.UU tomaron medidas económicas y militares para aislar y hacer pasar hambre a Cuba, por temer que otros países en Latinoamérica podrían seguir el ejemplo de Cuba. “Cuba es el cáncer en el hemisferio occidental”, según Richard Nixon, entonces vice-presidente de los EE.UU.
Por medio de la política anti-castro los EE.UU advirtieron a los países en Latinoamérica que sería mejor no oponerse a los EE.UU. Al impedir el negocio internacional con Cuba y forzando a esta a hacer inversiones en el aparato militar, los EE.UU pretendían además empobrecerlo para culpabilizar al comunismo cubano de esta pobreza y así demostrar que el sistema en Cuba era el responsable de que el pueblo sea más pobre que una rata.
Después más que un medio siglo los EE.UU no han logrado remover el régimen cubano, a pesar de que Cuba ha debido subsistir sin asistencia económica y militar de la Unión Soviética (1991). La media de esperanza de vida en Cuba no es menor que la de los EE.UU y Europa. La enseñanza y la asistencia médica son excelente, en contraste con las personas sin hogar que dependen para su nutrición de lo que encuentran en la cubas de basura como pasa frecuentemente en los grandes ciudades de los EE.UU y de Europa, y que no se encuentran en Cuba.
Que Cuba ha logrado erradicar el hambre y que provee a la población de enseñanza y asistencia médica a pesar de todas las medidas militares y económicas que los EE.UU impusieron y que contaron con la cooperación de los gobiernos europeos, se pueden considerar como un logro enorme, un claro indicio de que el comunismo, como sea implementado en Cuba, no es nada malo. Esta es la razón que explica porque los EE.UU no desisten del bloqueo económico e intensifican la guerra de propaganda contra Cuba, apoyados por los gobiernos europeos y los medios de comunicación dominantes que están acostumbrados a comer de la mano de los gobiernos y de los grandes corporaciones.
Pues, imagine como Cuba se podría desarrollar en el caso de poder negociar libremente con todo el mundo y sin el esfuerzo económico para mantener un grande aparato militar, servicios de seguridad y de información! Los marginados en los EE.UU y en Europa preguntarían: ¿lo que logra Cuba, porque no sería posible con nosotros? Esto es exactamente el pensamiento que la elite de los EE.UU en Europa quiere impedir. Es por esto que Cuba ha de ser pintada como una dictadura en que los humanos tienen una mala vida.